Existe una maldad extrema cuyo origen está en la razón, y no en los problemas mentales, y la biografía de Leopoldo II de Bélgica la ilustra como la de pocos personajes históricos. Con pleno conocimiento de las consecuencias de sus actos, este monarca belga se convirtió en uno de los peores criminales de los últimos dos siglos, culpable de la muerte y el sufrimiento de millones de personas causados por su búsqueda cruel de beneficios económicos.